País de vidrios rotos

En 1969, un profesor de la universidad de Stanford, California, dirigió un experimento de psicología social. Se utilizaron dos vehículos con las mismas características, uno de ellos fue abandonado en el Bronx, conocida zona de alta delincuencia; el segundo fue dejado en las calles de la lujosa zona de Palo Alto. En una semana, el vehículo abandonado en las calles de Nueva York fue desmantelado en su totalidad. Los ladrones dejaron exclusivamente el chasis. Mientras tanto, en California, el automóvil continuaba intacto. El siguiente paso fue romper uno de los cristales del coche que permanecía intacto. De inmediato se desató el mismo proceso que en el Bronx; el automóvil fue completamente destruido por los vándalos locales.

Ciudades, barrios, colonias con altos índices de delincuencia, no requieren ningún tipo de estímulo, la gente se desarrolla en un ambiente hostil, el comportamiento delictivo es la norma y nadie es capaz de articular siquiera la pregunta del por qué. En un ambiente cuidado, cultivado y desarrollado según normas elementales de convivencia, la tranquilidad social se mantiene hasta que algo desencadena los comportamientos incivilizados. El vidrio roto de un auto abandonado transmite la idea de deterioro, desinterés, desorden que va rompiendo códigos de convivencia, demuestra la ausencia de ley, de normas, de reglas y, lo más grave, nos informa de manera gráfica, que todo está permitido. El desmantelamiento progresivo intensifica el pernicioso mensaje.

¿Qué mensaje nos da la vilipendiada ciudad de México?

¿Cómo se puede interpretar la realidad, cuando una persona tiene problemas para llegar al trabajo o al destino de sus esfuerzos comerciales, por que alguien tuvo la gran idea de cerrar un retorno de la autopista México-Toluca, para grabar un capítulo más de una importantísima y trascendente telenovela? ¿Qué nos dice una sociedad donde se cierra el paso de vehículos, lo que entorpece aún más el demencial tráfico de vehículos, para grabar un bonito y bien intencionado comercial? Algo no está funcionando bien.

Si las instancias que supuestamente deben administrar y conducir la sana convivencia le ponen precio al estacionamiento de vehículos en la vía pública, luego entonces ¿por qué nos admira que alguien pretenda hacer lo mismo colocando huacales? Y si esta persona pretende cobrar cierta cantidad de dinero por permitir a cualquier parroquiano estacionar ahí su vehículo, ¿por  qué nos admira que personas amafiadas realicen el “cobro de piso” a establecimientos comerciales en la misma capital de país? ¿El “cobro de piso” es tolerable si se realiza franela en mano? La realidad, susurra, habla y si no hacemos caso, nos advierte a grito pelado. Seguimos sordos y ciegos a las evidencias. La torpeza y desdén con la que se dirigen las mal llamadas autoridades, continúan rompiendo vidrios por doquier.

 

La palabra “autoridad” proviene de un vocablo en latín que implica una capacidad creadora en pos de lograr progreso, es decir, avanzar, ir hacia delante. Comparte origen con la palabra ingreso. Es evidente que no tenemos autoridades, puesto que social, cultural y económicamente hablando no logran avance alguno. A falta de puestos dentro de la administración pública, buenos son los partidos políticos; se recibe dinero del erario sin realizar acción progresista alguna. Se extiende la mano, se recibe el dinero, y ante la incapacidad para desarrollar cuadros políticos internos, se hace uso de profesionales de la industria del entretenimiento para concitar el voto popular y, si ni siquiera candidatos de ornato se consiguen, hay que hacer alianzas con quién tenga una estructura política mayor. Total, el chiste es sobrevivir para obtener financiamiento e ingresar dinero a los bolsillos, no importando la rompedera de vidrios que tenga que hacerse.

 

Y luego nos admira la cantidad ingente de manos que solicitas o imperiosas, se dirigen hacia nosotros en busca de dinero fácil, todo el día, todos los días. ¿Existe alguna diferencia entre las manos que se extienden en un semáforo, afuera de la iglesia, en el mercado y las peticiones que nos hace un cajero electrónico para becar chamacos o atender niños con cáncer? Pues no, solamente la que tramposamente se construya dentro de la cabeza de cada quien. ¿Y los impuestos; y el progreso; y el estado?  Rompiendo cristales.

Y así nos va.

Anuncios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.