Huele mal

Fueron los romanos los que asociaron la función de los cinco sentidos a facultades de la razón. Probablemente por la costumbre de incinerar animales en sacrificio para complacer a los dioses o conocer el futuro. Con la emisión de vapores y gases malolientes es que el sentido del olfato asocia los malos presentimientos. Cuando algo parece no tendrá buen final sin que podamos expresarlo con razones de manera rotunda, decimos que “huele mal”.

 

Al contrario, el sabor de los alimentos se relacionaba con el buen juicio, de ahí que sabor y saber compartan la misma raíz. Tener inteligencia y poseer buen gusto son conceptos que se asociaba; ese estrecho vínculo permanece hasta ahora.

 

Podemos afirmar que, hablar sin conocimiento de causa, además de ser una burrada, es de pésimo gusto. De igual forma palabra “razón”, hace referencia, en primer término, a la proporción o medida adecuada de las cosas, es por eso que se asocia a virtudes tales como la prudencia y la mesura.

 

El origen de la palabra “mesura” proviene de la medición del tiempo en base a los ciclos lunares. Según la mitología griega, Mnemosine “sabe todo lo que ha sido, es y será”. Tener memoria es saber, y el saber se aloja en la memoria. Saber práctico, saber terreno; ella es hija de la tierra y del cielo, conoce todo aquello que abarca la mirada.

 

La palabra “olvido” tiene connotaciones negativas, que hacen referencia a la negrura u oscuridad donde se precipita una mente sin memoria.  No solamente por que se repiten sin fin sucesos detestables, olvidar nos condena a deambular sin la luz de la razón.

 

Los agravios olvidados no se perdonan se justifican y a fuerza de repetirlos, se normalizan.

 

 

En 1982 se nacionalizó la banca, y el señor presidente, quién prometió la defensa de la moneda nacional a la manera del mejor amigo del hombre, prometió, de manera igualmente fallida, impedir un nuevo saqueo a la nación. Comenzó su tragicómica presidencia con una paridad de veinte pesos por dólar y la despidió llorando y gimoteando para tratar de tapar el fracaso a golpe de ridiculeces. En 1982, un dólar costaba 149.25 pesos. Y sabemos que, en 1988, se necesitaban 2,295.00 pesos para comprar un dólar.

 

 

Durante la misma administración, un año antes, se encontraron doce cadáveres mutilados en el sistema de drenaje de Atotonilco, Hidalgo, suceso conocido como “la masacre de río Tula”. Se estrenaron los escándalos debido a los asaltos perpetrados a mano armada y “a plena luz del día”, incluyendo despojos a niños de nivel primaria y secundaria. El asaltante de bancos más famoso del país operaba exitosamente en aquellos años. En lomas de Vista Hermosa, en el número 350 de la calle paseo de los Laureles, desde 1980 se construía un lujoso villorrio conocido años después como “la colina del perro”, literal piedra angular de la futura y lujosa urbanización de la zona (Por cierto, a nadie le da pena vivir en semejante compañía). El presidente aseguraba que el dinero utilizado para la construcción de su humilde casa de retiro era fruto de años de trabajo. Difícil de creer aún filmando telenovelas. Cualquier descubrimiento de cadáveres con signos evidentes de tortura o cualquier otra forma sañuda de dar muerte, era de inmediato considerado ajuste de cuentas entre narcotraficantes y fin de la historia.

 

¿Qué más podríamos recordar de aquellos dolorosos años que no se repita hoy día? La desmemoria sigue ocultando, velando la verdad y olvidando, es decir oscureciendo la razón, para no comprender la génesis miserable de los últimos cuarenta años.

 

En 1976, los partidos políticos comparsa, los partiditos miscelánea, no presentaron candidato a la presidencia, y formaron con el “invencible” la “alianza por la democracia”. Eso fue aceptado, eso fue olvidado y por tanto, justificado. En 1982, había la friolera de 9 partidos políticos, el invencible tricolor, el siempre dócil Azul conservador y siete de utilería. Hace unos días podíamos presumir de mantener 10 partidos políticos, que se juntaron para postular a 3 flamantes candidatos más un redrojo. Fascinante.

 

Como dato curioso y aleccionador, en 1982, un político miembro del invencible tricolor, que había sido diputado, senador y dirigente de ambas cámaras, se postuló como candidato a la presidencia a través de su propio partido, que tenía el simpático nombre de “partido social demócrata”. Pero ahora ni sabemos y menos recordamos. La política mexicana de tanto repetirse aburre y al menos la ciudad de México, hoy huele mal, muy mal.

 

Y así nos va.

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