Semana santa

Fiesta nacional, con o sin cristianismo

Como sucede con casi todas las fiestas del calendario religioso en México, podemos descubrir en ellas singulares manifestaciones heredadas del pasado prehispánico.

 

Según la tradición cristiana, Jesucristo nació un 25 de diciembre y murió un día antes del inicio de la fiesta de Pascua, lo que en el calendario cristiano se nombra como “Pascua de resurrección”. En México se celebran ambas fechas con el mismo espíritu festivo, sin considerar su carácter religioso. En ambos casos significa vacaciones, con regalos incluidos para la fecha que se celebra durante el solsticio de invierno. Justo es el fenómeno astronómico el que determina la fecha de nacimiento de todas las deidades solares de la antigüedad. En el hemisferio norte, cuando el sol “se detiene” en el firmamento durante el invierno, comienza el ascenso aparente del astro en el cielo, lo que determina su “nacimiento”; de ahí que Dioniso, Mitra, el sol invicto de los romanos –de donde el cristianismo tomó la fecha de nacimiento para su redentor- y por supuesto Huitzilopochtli celebra su cumpleaños el mismo día. Por cuestiones prácticas y de numerología, se decidió fijar la fecha el 25 de diciembre.

En México, la fiesta del “Toxcatl” se celebraba en fechas equivalentes a la pascua judía y marcaba el fin de la estación seca. Existen dos etimologías para nombrar la fiesta, la primera hace referencia a la sequedad de la estación, la segunda, al espejo, ya que la fiesta estaba dedicada al “señor del espejo humeante” y a Huitzilopochtli.

Los europeos llegaron a costas mexicanas durante la semana santa de 1519. Cuando el barbado conquistador preguntó quién gobernaba esas tierras, los naturales del lugar contestaron que el “Culhua Tecutli” (se referían a Moctezuma II), desde entonces el sitio se conoce como San Juan de Ulúa. Los españoles encontraron cruces por todos lados, cruces  dedicadas a Quetzalcoatl. La conjunción de fechas y símbolos motivo a los extranjeros a fundar “la villa rica de la vera cruz”, nombre que también perdura desde entonces.

La religiosidad exacerbada de los invasores no dejó de sentirse vejada. Uno de los ritos llevados a cabo durante la fiesta mexicana que marcaba el inicio de la temporada de lluvias y por tanto, el inicio de calendario agrícola, consistía en moldear una figura de amaranto y miel que representaba a la deidad solar y rendirle tributo y ofrendas. Al final de la ceremonia el cuerpo del Dios se fragmentaba y se repartía entre los asistentes, se comía y se bebía el cuerpo y la sangre de la divinidad en cuestión. Quien se arroga para sí el derecho de adorar la “vera cruz”, pretende determinar la manera “correcta” de celebrar la fiesta de las primicias, por lo tanto los recién llegados vieron en toda la liturgia mexicana una caricatura de la iglesia cristiana y de inmediato la condenaron como obra del demonio.

Durante la evangelización, se sustituyeron los nombres de los objetos de culto, pero permanecieron las fechas, las intenciones y las modalidades.

Por ejemplo, los demonios Coras, semidesnudos pintados de negro y rayas blancas que durante el jueves santo persiguen al niño Jesús para matarlo, nos recuerdan sospechosamente a los representantes del “Señor del espejo humeante” que en la antigüedad aterrorizaban a los penitentes.

 Lo mismo sucede con los “Pintados” o “Xinacates” en el estado de Puebla. Con el cuerpo renegrido de aceite y cenizas, solicitan dinero a cambio de no manchar a sus víctimas. Los “Fariseos” enmascarados de Sonora, que durante semana santa representan “la maldad” lo hacen vestidos con ropas tradicionales, cascabeles en las pantorrillas y las manos pintadas de rojo, tal como lo hacían los sacerdotes durante las ceremonias para dar fin a la estación seca. Fray Diego Durán lamentaba que el demonio hiciera coincidir las celebraciones religiosas de los invasores habilitados como misioneros con el regocijo y festejo nacional, fecha “tan llena de ceremonias y de tantos ritos é infernales sacrificios cuántos en el lugar referido contamos”.

Razón por la cual podemos descubrir muchas más similitudes en cada particular manera de celebrar en nuestro país semejantes fechas, para que podamos asombrarnos siempre.