Fuera de la ciudad

Las distancias se vuelven relativas conforme la tecnología para construir medios que permitan transportar mercancías y personas se desarrolla. También es relativo a las dimensiones de la ciudad. Lo que ahora conocemos como museo de San Carlos fue, hace 500 años, la casa de campo del barbado conquistador.

 

Cuesta trabajo imaginar que, destruida México Tenochtitlan, quedaran fuera del trazo original de la ciudad los reinos de Tacuba y Azcapotzalco. La ciudad crecía de la zona que actualmente ocupa el zócalo capitalino hacia el norte, rumbo a la villa, pasando por Tlaltelolco, segundo islote en importancia después de La Gran Tenochtitlan. La última batalla por conservar la ciudad tuvo lugar ahí.

 

En 1524 nació, al poniente de la ciudad, la calle de Donceles, y al oriente, el hospital de la compañía de Jesús. Junto con la fuente de salto del agua y las ruinas de lo que ahora conocemos como plaza de las 3 culturas, esas referencias pueden ayudarnos a imaginar el cuadrante original de la ciudad y considerar sus dimensiones.

 

 

La ciudad se mantuvo sin cambios de consideración a lo largo de la colonia; se estima que en 1813, tenía 170 mil habitantes. La guerra de independencia y la consecuente centralización de poderes, estimuló su crecimiento.  En tiempos de Don Porfirio, y antes de las migraciones y matazones revolucionarias, ya contaba con poco más de 700 mil habitantes.

 

Dado lo inestable del terreno, ha crecido de manera notable. Además de los conocidos y temidos movimientos de tierra, era y es proclive a las inundaciones. En 1629, estuvo a punto de desaparecer gracias a las lluvias que la mantuvieron bajo el agua durante 5 años. Por cierto, las lluvias que colmaron el molcajete que tenemos por ciudad, comenzaron el día 20 del –para nosotros- fatídico mes de septiembre.

 

En un plano publicado en 1912, se puede observar -con verdadera nostalgia- sus modestas y razonables dimensiones. Al norte, terminaba en la calzada Nonoalco, que aún conserva ese nombre y donde terminaba la colonia del Chopo. Al oeste, la calzada de los gallos marcaba el inicio de la colonia Santo Tomás. Por debajo, la colonia Cuauhtémoc, con el trazo que conocemos hasta ahora, llegaba al límite con el bosque de Chapultepec. La colonia Condesa contaba con una plaza de toros, muy cerca de lo que ahora conocemos como parque España y que señalaba el extremo suroeste de la ciudad. Para cerrar el cuadro, al sureste se encontraba la calzada de la viga y en línea recta hacia el norte, la penitenciaría o palacio de Lecumberri*.  Para entonces, todavía podía ser llamada con precisión “La ciudad de los palacios”.

 

¿Quién y cuándo comenzó el desorden? Bueno, el primer “modernizador” de la ciudad fue el joven presidente que construyó para si un emporio de telecomunicaciones y un horrible multifamiliar al sur de la ciudad que lleva su nombre. Ahí se selló el destino de la capital del país: construcción desbocada de viviendas y el consecuente hacinamiento, comenzando por los paisanos del jarocho presidente. Práctica que se ha mantenido desde entonces, cada presidente se presenta con un séquito de amigotes y paisanos para hacer de la ciudad un gran negocio personal. Y curioso, principalmente desarrolladores inmobiliarios, los últimos y negativamente notables, de Michoacán y Estado de México.

 

En 1957 comenzó a poblarse “la ciudad fuera de la ciudad” que termino por ser engullida por la mancha urbana. Para 1970, entre juegos olímpicos y partidos de futbol, la ciudad ya era un enorme monstruo de casi 7 millones de habitantes.

 

Al mismo tiempo en que se poblaba la frontera norte y el Estado de México, las casas de campo con alberca se construían al suroeste de la actual zona de San Jerónimo. Actualmente, el agua del río Magdalena se la disputan los pobladores de San Bartolo Ameyalco y las albercas de la zona “de retiro” aún en funciones.

 

La mancha urbana continuó creciendo de manera desmedida, engullendo lo que se consideraba zonas de retiro. Desarrollos para descansar lejos de la ciudad tuvieron que ser construidos en los estados de México, Querétaro, Puebla y Morelos, llevando consigo el germen de sobrepoblación llamado pomposamente “Megalópolis”.

 

Y así nos va.

*(Todo lo anterior según el “Plano de la ciudad de México, 1912. Levantado y construido para la nueva red de cañerías. Obras de provisión de Aguas Potables para la ciudad de México. Firmado, ingeniero director M. Marroquín y Rivera”.)

 

Juan Preciado

Escribir desde la ética. Considerando la ética no como una bolsa de buenos deseos sino como el culmen del pensamiento.