El espectáculo total

La realidad en nuestro país existe sí y sólo sí se observa a través de la pantalla del televisor o del navegador en internet. No sólo la política, la vida diaria también se ha convertido en espectáculo total. O para ser más claros, la han convertido en espectáculo total los señores que tienen los medios de adoctrinamiento de masas en sus manos y al servicio del aparato político. La política interna del país no reside más en Bucareli, tampoco en Av. Chapultepec. Ahora reside en las redes sociales.

 

No es casualidad, y por cierto, es bastante alarmante, que los señores que trabajaban para el sistema, ahora realicen esfuerzos para convertirse en “luchadores sociales”, lo que quiera que eso signifique.

 

Los esfuerzos realizados, para no variar, son un remedo de los actos realizados en las pasadas elecciones presidenciales del país vecino del norte. La industria del espectáculo se envalentonó, se subió al ring, retó al villano de la pelicula y ahora paga caro su atrevimiento vía los escandalos -mediaticamente hablando, se entinde- generados por mil y una denuncias públicas por supuesto abuso sexual, intencionalmente promovidos hasta el hartazgo, por supuesto.

 

El problema es que a la población a quien iba dirigido el mensaje y bajo el supuesto de ser la beneficiaria, le valió un comino semejantes esfuerzos.

 

En nuestro maltrecho país, periodistas y luchadores sociales están siempre en la mira del crimen organizado, que sabemos cumple un papel clave para mantener las cosas a gusto de los patrones y por muchos años más. Si volteamos a ver -y conocer- la historia de nuestros vecinos al sur del continente, encontraremos alarmantes y espantosas similitudes de accionar entre los ejércitos de las dictaduras militares sudamericanas y los ejércitos del narcotráfico en nuestro país. Intimidación, desapariciones forzadas y agresiones miles contra la población civil en general, y periodistas y luchadores sociales en particular. Un tema al que dedicar aremos.proximamente nuestra atención de manera más generosa.

Al parecer, lo único bueno que se obtiene (y de ahí su atrevimiento) siendo un miembro de la industria del adoctrinamiento de masas convertido en activista, es cierto grado de protección. No es lo mismo atentar contra la vida de un actor transformado en activista político que atentar contra un periodista incómodo pero adecuadamente desconocido. Un ciudadano sin rostro y por lo tanto, sin justicia. Si pensamos de manera adulta y responsable, lo anterior provocará frustración; si mi rostro se muestra durante el tiempo suficiente en los medios electrónicos, luego existo. Y si no, pues no.

 

De sobra sabemos además, que todo aquello que toca la industria del espectáculo lo convierte en una grotesca parodia.

 

En la república de la telenovela, lo que importa es el drama y no la justicia.

 

Se manipulan, a sabiendas, los sentimientos del espectador inmaduro e infantil, ese que aprende la realidad a través del llanto de telenovela y la pantomima del futbol. Esto cambia de manera radical la lectura que se hace de la realidad. Las palabras robo; despojo; abuso de autoridad; todas judicialmente punibles, desaparecen del discurso, igualito que el infractor.

 

Estas trampas en el discurso son consustanciales al quehacer político y manifiestan, a las claras, su propensión al embuste; al encubrimiento de conductas judicialmente delictivas que gracias al oficio político, se mantendrán impunes.

 

Y así nos va.

Juan Preciado

Escribir desde la ética. Considerando la ética no como una bolsa de buenos deseos sino como el culmen del pensamiento.