La educación comienza en casa

Hace cerca de un mes, comencé un nuevo ciclo escolar en la maestría, normalmente soy una estudiante entusiasta que anhela el regreso a clases para adquirir nuevos conocimientos, sin embargo he de confesarles que en esta ocasión tuve la mala fortuna de tomar la materia de “Ética” con un profesor nada ético… pero este artículo no es para quejarme del pelafustán del aquel que se dice maestro, sino de algo que mencionó.

Verán, un día de tantos comenzó a hablarnos sobre cómo funcionan las familias en México, lo primero que llamó mi atención fue cuando dijo que la dinámica familiar depende de las personas que conviven bajo el mismo techo, es decir que si en una casa viven los papás y los hijos, los padres les dan ciertos permisos o aceptan ciertas cosas pero que cuando vive alguien más con ellos (como los abuelos) estos deben de cambiar si el otro pariente lo dice.

Por ejemplo, el hijo tiene permiso de llegar a casa a las 2 de la mañana, pero si el pariente ajeno a la familia nuclear dice que deberían de controlarlo más y que llegue a las 8, los padres le harán caso.

Entonces yo me pregunto, ¿qué padre o madre le haría caso? Especialmente si este no mantiene al hijo, creo que los papás tienen TOOODO el derecho del mundo de educar al hijo como se le pegue la gana, ¿no? Y peor aun, ¿por qué permiten que alguien más les diga que pueden o no hacer con sus hijos? No me imagino que algo así hubiera pasado en mi casa, posiblemente ese pariente habría acabado sin dos dientes si le decía a mi mamá algo sobre mi hermano o sobre mi.

Lo segundo que llamo mi atención fue cuando el profesor aseguró que NADIE se sentaba con sus hijos a hablar sobre los valores, como la honestidad, el respeto, la tolerancia o la responsabilidad, sino que tenían que demostrarlo con imposiciones.

Por ejemplo, para enseñar respeto, tienen que decirle a sus hijos “no me interrumpas”, o con la honestidad “dime la verdad”. Al hacer uso de frases de este tipo, supuestamente el niño aprenderá los valores que el papá o la mamá quieren que sepa.

Entonces recordé mi tierna infancia en la que cuando mi hermano o yo nos portábamos mal, mi mamá nos mandaba a reflexionar sobre la virtud o el valor que nos hacía falta, después de un par de horas, salíamos de nuestro cuarto y le dábamos la respuesta junto con la justificación, por ejemplo honestidad porque habíamos ocultado la verdad sobre quien había roto un florero.

Eventualmente llegué a la conclusión que mi crianza en particular fue algo fuera de lo común y que muchas familias si se comportan como dijo mi profesor, sin embargo aquellos que son padres, los invito a probar esa técnica de hacer reflexionar y meditar a sus hijos, que conozcan lo que realmente significan los valores, que aprendan a identificarlos en diferentes contextos, al menos a mí me funcionó.

Escrito por: Sue FC